Kylian Mbappé celebra gol Real Madrid - LevanteKylian Mbappé celebra su gol en el Real Madrid - Levante. Reuters

Tras la caída en Albacete, el Real Madrid logra la victoria contra el Levante a pesar de los pitos y las críticas del Bernabéu.

El Real Madrid salió señalado de Albacete. No solo por el resultado, sino por algo más profundo: la ruptura momentánea con su gente. La pitada final fue un mensaje claro de la grada, que solo dejó a salvo a Thibaut Courtois, Raúl Asencio, Gonzalo y Kylian Mbappé. El foco de la frustración tuvo nombre propio: Vinícius Jr.

El partido arrancó con intención blanca, presionando arriba y buscando imponer ritmo. Pero la primera gran ocasión fue para el rival, tras una falta de Jude Bellingham en la frontal que Pablo Martínez estrelló en la barrera. Fue el primer aviso… y también el inicio de una desconexión preocupante.

El Madrid perdió control, perdió presencia y, sobre todo, perdió confianza. Vinícius, condicionado por las pitadas desde muy pronto, dejó de pedir el balón. El equipo se partió en dos: solo Mbappé y Gonzalo ofrecían soluciones en ataque, mientras el resto parecía jugar con el ruido de fondo. Mbappé tuvo la primera clara con una volea que se marchó fuera, pero el peligro real seguía llegando a balón parado en el área blanca. Un síntoma más de un equipo incómodo, inseguro y sin mando.

El descanso trajo cambios: Mastantuono por Gonzalo y Arda Güler por Camavinga. Y con ellos, un giro en el partido. Güler entró como un soplo de aire fresco. Dinámico, participativo, valiente. Todo lo contrario que Mastantuono, errático y superado. El turco se echó el equipo a la espalda, conectando con Mbappé y elevando el nivel ofensivo. De sus botas nació la jugada clave: un pase al espacio que acabó en penalti sobre el francés. Mbappé no falló. Gol y alivio momentáneo.

El Madrid, con la ventaja, se volcó. La entrada de Ceballos, con Dean Huijsen aún dosificando esfuerzos, retrasó a Tchouaméni y dio más salida al balón. Y en ese contexto llegó el segundo: córner y cabezazo imperial de Asencio. Ovación cerrada. Reconocimiento total a un canterano que compite cada minuto como si fuera el último.

acción gol Asencio Real Madrid ante Levante
La acción del gol de Asencio con el Real Madrid ante el Levante. FERNANDO VILLAR / EFE

Con el 2-0, el partido parecía controlado. Güler seguía dirigiendo, Ceballos ordenando y Mbappé amenazando. Incluso Mastantuono rozó el gol con un disparo al larguero, y Bellingham tuvo el tercero de cabeza, pero Ryan evitó la sentencia.

Y en medio de todo, una escena que define la noche: Vinícius intentando, fallando… y siendo castigado por su propia afición en cada toque. Mientras el resto recibía aplausos, él cargaba con el peso de la frustración colectiva. Un contraste duro, incómodo y significativo. En el 89’, Asencio se retiró ovacionado. Símbolo perfecto de la noche: el esfuerzo se premia, la desconexión se castiga.

Si algo positivo dejó el partido fue el nivel de Arda Güler. Un jugador que no solo aportó calidad, sino carácter. Intensidad, personalidad y liderazgo en cada acción. Su actuación reabre un debate evidente: quizá el Madrid necesita más jugadores que quieran el balón… y menos que duden. Ceballos, por su parte, aportó pausa y criterio, demostrando que en ciertos contextos su perfil es imprescindible.

Pero la conclusión es clara: este Real Madrid no solo tiene que ganar… tiene que reconectar. Porque cuando el Bernabéu pita, no es solo por el resultado. Es porque siente que el equipo, por momentos, deja de ser reconocible.

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