La afición del Real Madrid se despidió de dos de sus leyendas, al igual que el Athletic Club con Ernesto Valverde en la victoria blanca.
El Santiago Bernabéu vivió una de esas noches donde el fútbol pasa a un segundo plano. El resultado importaba, sí. Pero esta vez el corazón pesaba mucho más. Porque el madridismo acudió al estadio para despedir a dos jugadores que forman parte eterna de la historia del Real Madrid CF: Dani Carvajal y David Alaba.
Y desde antes del pitido inicial quedó claro que no iba a ser una noche cualquiera. El Bernabéu recibió a su capitán con un espectacular tifo en el que aparecía junto al legendario Alfredo Di Stéfano colocando la primera piedra de la Ciudad Real Madrid. “El sueño de un niño, el triunfo de una leyenda”, podía leerse mientras el estadio entero se rendía a uno de los grandes símbolos del madridismo moderno.
Y Carvajal decidió responder como solo hacen los elegidos. En el minuto 12, el capitán levantó la cabeza y dibujó un pase espectacular a la espalda de la defensa para Gonzalo. El canterano controló, encaró a Padilla y definió con sangre fría para hacer el 1-0. Asistencia de leyenda. Inicio perfecto para una despedida cargada de emoción.
El Athletic Club reaccionó pasada la media hora con una acción peligrosa de Iñaki Williams que obligó a Courtois a intervenir en dos tiempos. Pero este Madrid seguía atacando con el alma. Y en el 41’, apareció Jude Bellingham. Thiago filtró un balón extraordinario, el inglés lo controló con el pecho y soltó un zurdazo directo a la escuadra. Golazo. De esos que levantan al estadio incluso antes de entrar. Parecía una noche redonda, pero el Athletic recordó que seguía vivo antes del descanso. Guruzeta conectó una preciosa volea dentro del área para hacer el 2-1 y dejar el partido abierto.

Tras el paso por vestuarios, el Madrid salió decidido a evitar cualquier susto. Mbappé recibió en la frontal en el 51’, se acomodó el balón y sacó un disparo raso imposible para Padilla. Su 25º gol liguero y otro paso más hacia un nuevo Trofeo Pichichi. El equipo blanco era un vendaval y Bellingham estuvo cerca de firmar su doblete poco después, aunque esta vez se encontró con la respuesta del guardameta visitante.
Pero la noche ya no pertenecía al marcador. Cumplido el minuto 70 llegó el primer gran homenaje. David Alaba abandonó el terreno de juego sustituido por Huijsen y el Bernabéu entero se levantó para aplaudirle mientras miles de aficionados levantaban sus sillas recordando aquella icónica celebración rumbo a la Decimocuarta. Un gesto cargado de memoria, respeto y madridismo.
Y entonces llegó el momento que nadie quería que sucediera. Minuto 84, Arbeloa sustituyó a Dani Carvajal por Manu Serrano, que debutaba con el primer equipo. El partido se detuvo. Pasillo de ambos equipos, ovación ensordecedora y un Bernabéu completamente rendido ante uno de los grandes capitanes de su historia. Un futbolista que lo ganó todo. Un niño de La Fábrica convertido en leyenda eterna.
Todavía hubo tiempo para más emociones. Brahim marcó el 4-1 en el 88’ para desatar otra celebración en las gradas, aunque Izeta maquilló el resultado en el descuento con el 4-2 definitivo en el Real Madrid – Athletic Club. Pero esta vez el marcador era lo de menos. Porque el Bernabéu no solo despidió a dos futbolistas. Despidió a dos símbolos. A dos campeones. A dos leyendas.
